Breve historia de mi palomar:
En el año 1995
adquirí una parcela en el municipio de Arafo, pueblo de mi mujer, pensando en
construir un palomar y con el tiempo una casita para vivir. Por circunstancias
de la vida el palomar lo hice, pero la casita no, con lo cual, hoy en día, la
parcela está en poder de las palomas y de mis perros.
El lugar donde está el palomar se llama “Paraje de los alcaravanes”, de ahí el nombre de Palomar los Alcaravanes, por cierto, en los once años que tengo esta parcela todavía no he visto ningún alcaraván.
El palomar consta de seis
compartimentos, de 1,50m por 1,50m cada uno; dos para la reproducción machos y
hembras, con ocho casetones de cría cada uno y un solero o parque para la
reproducción de 2 m por 3 m. Los otros cuatro compartimentos están destinados,
dos para machos pichones y adultos con capacidad para 20 palomas cada uno, con
casetones; y dos para hembras, con saltadero para treinta cada uno. Como podéis
imaginar los palomares son muy pequeños
para tantas palomas,
pero tengo que decir, que procuro tener m
enos
palomas por el bien de la colonia,
ya que con menor número,
las palomas
enferman menos y
viajan mejor. Sin embargo, como todos los colombófilos canarios sabemos, el
océano se traga muchas palomas y no nos queda más remedio que sacar más pichones
para poder tener adultas de un año para otro.
Hoy en día tengo en mente ampliar el palomar, no para meter más palomas, sino para que estén mejor. Creo que en la colombofilia no se trata de cantidad sino de calidad. Muchas veces, con un gran cantidad de palomas, no somos capaces de ver las palomas de calidad y en otros casos, las enfermedades por hacinamiento, no deja aflorar esa calidad que llevan dentro nuestras palomas.
